Mostrando entradas con la etiqueta vida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vida. Mostrar todas las entradas

lunes, 8 de noviembre de 2010

La envidia es mala, para el que la padece.


Por envidia (de la mala), por rencores, o simplemente por intuición, alguien no te cae bien. Los rencores son malos, pero pueden estar merecidos; Por otra parte, los entendidos de esto dicen que sólo necesitamos 5 segundos para saber si una persona nos va a caer bien o no. Pero la envidia es diferente.

No hablo de ese tipo de envidia en que damos todo de nosotros para mejorar al que lo hace mejor, utilizando el esfuerzo y la valía personal, sino de la envidia mala, la que te jode por dentro cuando la tienes e intentas machacar al envidiado sólo para parecer superior.

Si además esta se junta con una superioridad en la escalera del poder, mucho peor. Supongo que verse en el poder teórico, sin liderazgo alguno dentro del grupo, debe de ser jodido, y que alguien a quien los demás escuchan y hacen caso y al que no puedes reprochar nada porque se esfuerza todos los días un poco más puede despertar el odio del individuo menos inteligente.

No puedes hacer nada, y lo mejor que puedes hacer es eso, nada. No vas a conseguir nada con esto más que seguir volviendo a la gente en tu contra. No tenemos que ganarnos tu confianza, más bien al revés. Tú veras.

Absoluta indiferencia...

viernes, 21 de mayo de 2010

Clases particulares con la vida.


Han pasado ya algunos meses desde que empecé el curso, y parece que por fin llega un año productivo de verdad.
Odiado por las comañías y amado más tarde por saber rectificar. Aprendí de esta experiencia que no hay que fiarse de casi nadie, por muy majo que parezca, y que no es necesario odiarse con la gente que no es tu amiga.
También aprendí más tarde, a no amilanarme ante el pe(d)rro más ladrador, a buscar lo que sueño trabajando cuando es necesario y a descubrir que ser yo mismo no es tan malo, y nunca lo fue.
Jugando al baloncesto, este año he aprendido cosas, y muchas decepciones (más de las que me gustaría) me han hecho madurar, y errores pasados no volverán a ocurrir. Me enseñaron que en todo lo que se haga hay que tener mucha mano izquierda, y que pensar que perteneces a un grupo de por vida, "a muerte", no es la postura más sabia. Por tanto, no volveré a sentir como míos los colores que tenga una camiseta o cualquier otro símbolo.
En definitiva, aprendía la vida, y mi única maestra, la misma vida. Incluso pedí clases particulares...